Ni que decir tiene que toda técnica realizada con "tanto" sirve para
cuchillo y viceversa, lo único que las distingue en la
practica es el grado de peligrosidad en el entrenamiento.
El Maestro
Furuya afronta de forma resolutiva las técnicas
ante cuchillo. “¡con los cuchillos no se juega”
repite en uno de los descansos de la grabación. La búsqueda de ángulos y
soluciones efectivas para reaccionar ante una agresión con cuchillo
despierta a los practicantes de "su sueño repetitivo" en un tatami.
Por ello para el Aikidoka la práctica con
"Tanto" es una de sus facetas esenciales.
Del Maestro
Furuya nos sorprendió la enorme variedad de
técnicas ante una misma agresión. Pudimos ver ante las cámaras una y otra
vez variaciones defensivas ante un mismo ataque. Y es que la fluidez es
esencial ante un cuchillo. Cortante o punzante, el cuchillo es un deslizante
peligro al que hay que afrontar con determinación y exactitud. El Maestro
Furuya desgrana las tácticas y respuestas que el
Aikido nos ofrece una tras otra, dejando bien
claro porqué el cuchillo es el arma que marca la diferencia en
Aikido.
Sensei
Furuya es alumno y sobrino de
Kensho Furuya y
entrena con él impartiendo aulas en su famoso Dojo
de Los Angeles, California. Sin embargo su calidad como instructor va más
allá de su apellido y sin duda gustará a los más aguerridos amantes del Arte
de Ueshiba.
Aikido
y el Tanto (cuchillo de madera)
Las Armas del
Aikido

En el
Aikido, como en muchas otras artes marciales, se
utilizan armas dentro de su programa de enseñanza. Las más conocidas son, el
Jo (bastón de madera 1.30 cm. de longitud y
20-25 de diámetro) y el Bokken (sable de
madera). Además de estas dos armas en Aikido se
enseña con técnicas de Tanto (cuchillo de madera).
No existe un único
origen de estas técnicas, según los expertos, el Aikido
tiene sus orígenes en diferentes sistemas y métodos de combate, como
Sekiguchi Ryu,
Takenouchi Ryu,
Tenshin Shinyo
Ryu (antecedente del Judo),
Shinkage Ryu, Yagyu
Ryu (escuela de Sable, Alabarda,
Kendo), Hozo
Ryu (Lanza), etc.
El Maestro Ueshiba practicó durante muchos años
diferentes escuelas de sable, palo, lanza etc., llegando a ser un gran
experto en todas ellas. Gracias a él han llegado hasta nosotros los
depurados movimientos de Aiki-ken
y Aiki-jo que hoy
conocemos y estudiamos. Las técnicas con Tanto son introducidas en
Aikido por afinidad con las escuelas antes
mencionadas.
El Aikido, en definitiva, es un arte marcial y
como tal es consciente de todas las posibilidades de ataque, ya sea con
armas o sin ellas.
El
trabajo con armas se denomina Tanto-Dori y solo
comienza cuando el alumno tiene un dominio de los fundamentos del
Aikido. Esto suele suceder cuando el practicante
es cinto Negro o 1 Kiu.
Dentro del entramado de prácticas con armas, en Aikido
el trabajo con el Tanto tiene gran importancia para el completo desarrollo
del practicante. Las armas aportan una nueva perspectiva del Arte así como
nos confronta con importantes variaciones en conceptos como el de distancia
(Ma-Ai), la
velocidad de la técnica, el control del adversario y, por supuesto, nuestra
propia capacidad de reacción, adquiriendo esta un sentido mucho más amplio y
autentico a la hora de aplicar los principios del Arte.
Las técnicas ante la presencia de un arma como el cuchillo, tendrán que
realizarse con mayor rapidez y precisión; las armas nunca admiten
dilaciones. De este modo nuestra técnica evolucionará mucho más deprisa.
Tendrá esta que ser fluida y perfecta, así el control y desarme del
adversario será realizado lo más controlado y rápido posible.
Por esta razón es requisito fundamental que para la práctica de estas
técnicas, se tenga una base sólida en conceptos fundamentales tales como los
movimientos Tenkan, Irimi,
Tai-Sabaki, o controles como
Ikkyo, Kote-Gaeshi,
Shio-Nage, etc., ya
que para la realización de estas técnicas con Tanto la falta de dominio y
fluidez de las bases, puede resultar fatal.
Afrontando el
miedo

Pero si en algo
influye verdaderamente el trabajo con armas, es sobretodo en las sensaciones
emocionales, tanto en las que transmitimos como en las que se nos transmiten
cuando somos atacados por un arma. ¡Este es el verdadero trabajo con Tanto!;
nuestra actitud ante las armas mismas, ante el como seamos capaces de
enfrentarnos mentalmente a ellas, determinará el éxito o el fracaso de
nuestra aplicación técnica.
En el control de nuestra acción y de la reacción ante los ataques, es
esencial desarrollar actitudes como el Sen no Sen, (sentido de la
anticipación), o De-Ai (que se refiere al acto
de salir, moverse, anticiparse a su ataque).
Estas actitudes están basadas en sensaciones, que al igual que ocurre con
las técnicas mismas, deben de ser practicadas miles de veces para que de
este modo encuentren su espacio y vía natural en nuestro interior.
Dar un paso más en nuestra evolución como Aikidoka
y conseguir un dominio de la situación, no será posible sin este
entrenamiento mental, sin esta disposición alerta que tan estupendamente nos
aporta el trabajo con armas.
Con el desarrollo de la parte técnica evolucionaremos en el apartado físico
y técnico del Arte, siendo más cuidadosos, precisos, ágiles y coordinados
con nuestros movimientos. Por otro lado también debemos desarrollar el
aspecto mental del Arte, controlando nuestras sensaciones. De entre todas
ellas es sin duda el miedo, la que bloquea más eficazmente el sistema
neuro-muscular; a la vez los sentidos se
agudizan y si bien mucha de la información tiende a distorsionarse, la
presencia del peligro nos coloca en un punto mucho más receptivo hacia el
lenguaje del cuerpo del oponente. Es esta "tensión interior" la que puede
facilitarnos el captar todos los matices del oponente, de sus intenciones o
movimientos.
La parte más complicada es la del control de nuestros movimientos. La
capacidad para mantenernos atentos y relajados a la hora de ejecutar la
técnica correctamente, no se aprende en un día pero quien entrena con
atención y disciplina termina por capacitarse para afrontar momentos de alto
estrés emocional.
Entrenar con
todos los sentidos
Normalmente en nuestros Dojos, las prácticas con
arma suelen ser distendidas y relajadas ya que conocemos a nuestro atacante;
la intención del ataque nunca es la de herir, y al fin y al cabo, si me
equivoco ... bueno ... ¡pues no va a pasarme nada!.
Por esta razón muchas veces la práctica pierde un poco esa autenticidad ese
sentido real y se convierte en un trabajo más,
desvirtuándo con ello en definitiva el fin mismo de nuestro
entrenamiento.
¡Esto no significa que la práctica tenga que ser violenta ni agresiva! ¡ni
mucho menos!. Debería, eso sí, ser seria, y honesta; sincera en la actitud,
en "la verdad" con la que se ejecuten las entradas. Hay que realizar cada
ataque con intención y firmeza, de esta manera Tori,
el defensor, podrá experimentar todas las dificultades que se presentan a la
hora de realizar las diferentes técnicas contra Tanto, (dificultades
técnicas o psicológicas). Realizadas de cualquier otra manera, no
conseguiremos el objetivo final de nuestra formación, simplemente nos
estaremos engañando a nosotros mismos creyendo que lo que hacemos es
correcto y resolutivo.
A determinados niveles en la práctica de Aikido,
hay que intentar acercar la práctica diaria un poco más a la realidad
cotidiana. Se recomienda comenzar la práctica de las técnicas de Tanto con
armas simuladas de madera, hasta adquirir un grado de experiencia y control
que nos de seguridad suficiente como para trabajar con armas verdaderas. El
sentido del peligro real constituirá un nuevo paso educativo; como es
lógico, en ambos trabajos, el de tanto de madera o el realizado con cuchillo
real, deberán de tomarse todas las precauciones posibles para evitar los
accidentes.
¡El
control empieza con la respiración!

Durante la práctica el Aikidoka que se defiende,
Tori lo hace con manos vacías, es decir, sin
armas, siguiendo los principios del Aikido de la
no-violencia y de defensa, por lo que deberá permanecer en
Kamae, distendido, disponible. Su actitud mental
debe ser la de una alerta espiritual en la que la unidad con el agresor
deviene incluso antes de que el propio ataque tenga lugar. Así podremos
captar su intención y sus movimientos, incluso antes de realizarlos.
Durante esta fase es fundamental el control de la respiración (como para
casi todos los trabajos en Aikido), así como la
distancia con el agresor (Ma-Ai).
Con la respiración controlaremos nuestro ritmo cardiaco y conseguiremos la
relajación y concentración esenciales para ejecutar las técnicas
correctamente. Con la distancia apropiada tendremos una visión global del
atacante, la cual nos permitirá observar y percibir cualquiera de sus
movimientos.
Nuestra visión no deberá enfocarse en el arma ni en su cara, ni en ningún
sitio concreto de su anatomía, sino en todo él cuerpo; para ello
mantendremos nuestra vista a la altura del pecho, percibiendo una imagen
global del Uke, intentando captar constantemente
cualquier tipo de movimiento. La defensa ha de ser rápida y eficaz, teniendo
como objetivo la rápida neutralización del arma y el control del agresor, de
modo que este no tenga opción a una segunda oportunidad de ataque.
La elección de la técnica a ejecutar estará en función de varios factores
que la experiencia y la práctica nos irán enseñando, alguno de estos puede
ser: el tipo de atacante, como lo empuña. Una distancia errónea, reaccionar
tarde, desconcentrarse, etc., son errores que en el trabajo con armas pueden
resultar fatales.